Si cada día estoy más convencida de lo que puede aportar una Comunicación Interna 2.0 a las organizaciones es porque la entiendo como impulsora de una conversación global.

Los conceptos de comunicación ascendente y descendente siempre me generaron bastante escepticismo y hoy me resultan completamente anacrónicos en la realidad de la mayoría de las organizaciones.

¿En qué empresa son reales estos flujos? ¿Por qué se genera la comunicación informal entonces? Si nos parásemos dos segundos a reflexionar sobre estos temas estoy segura de que llegaríamos a una misma conclusión. Las organizaciones están lejos de parecerse a esas supuestas instalaciones de fontanería en las que fluye información de forma canalizada.

Es más, la comunicación llamada informal o el bien conocido “rumor de pasillo” no es más que una respuesta lógica a una estructura informativa excesivamente controladora. Control en la emisión del mensaje, el tono, la linea editorial, el canal y hasta los receptores…en esta especie de dictadura del “miedo al cómo lo interpretarán” hemos vivido los que nos dedicamos a esto de la comunicación interna desde hace años.

Por suerte, hoy son muchas las empresas que después de un trabajo de autocrítica muy loable han entendido que, al igual que ocurre con los organigramas informales, existe una red de líderes de opinión dentro de su empresa que son los que generalmente dan el tono de lo que se comunica, han descubierto el impacto que genera el mensaje del manager intermedio en sus equipos y han confirmado las ventajas que aporta una comunicación 360º en la que cada colaborador se convierte en protagonista.

El colaborador, protagonista de la comunicación interna

El discurso corporativo ha dejado de ser propiedad exclusiva de la dirección de la empresa porque hemos sido capaces de aceptar que la credibilidad que damos a una información depende directamente de su grado de transparencia, de su coherencia con los hechos y de la relación que tengamos con el que nos la transmite, y en este caso, la cercanía hace ganar puntos.

Por lo tanto ¿no es más lógico reinterpretar la comunicación basándonos en esta nueva capilaridad? Luchar contra molinos nunca dio buenos resultados y menos aún cuando se trata de influir, informar y movilizar. En este caso, resulta mucho más rentable apoyarse sobre la estructura existente y aprovechar el liderazgo natural para llegar a todos los colaboradores.

Solo si ponemos al colaborador en el centro de la comunicación conseguiremos hacerle sentir que forma parte de la empresa, que su labor tiene un sentido, y que la empresa le cuida como persona y le respeta como profesional…los tres pasos básicos si queremos comprometerlo emocionalmente con nuestra marca.

“La información es poder…¿o autoridad?” 

Nos lo repiten hasta la saciedad, pero ¿se trata de poder o de autoridad? Sin duda, yo hablaría de la autoridad que concede la información e incluso iría hasta afirmar la autoridad nos la confiere el uso que demos a la información. En una época en la que compartimos hasta los kilómetros recorridos en el running dominguero, no podemos negar que el acto de compartir no sea uno de nuestros rasgos sociales más característico.

En una organización que fomenta el uso de canales colaborativos la información fluye y se comparte…quizás no de modo natural al principio, fruto del necesario reajuste entre el antiguo y el nuevo modelo comunicativo, pero termina por fluir…y casi siempre, de la mano de insospechados líderes de opinión. Y como soy optimista, estoy segura que hasta los más recelosos de la retención de la información terminarán por ver las ventajas que aporta el compartir y conseguiremos evangelizarlos por el bien común.

Así llego a la conclusión de que estamos haciendo evolucionar la definición de Comunicación Interna: del periodista interno 1.0 al generador de conversación 2.0. 

¿Cómo reconocer el ADN del nuevo comunicador interno 2.0? Pues lo veremos en un próximo post 😉

 

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