A veces lo llamamos ansiedad, aprensión o incluso miedo pero hoy sé que lo que yo he sentido estas últimas semanas se llama vértigo. El vértigo de la felicidad.

Hace una semana que dejé mi empleo voluntariamente para lanzarme en una nueva aventura como consultora con la firme convicción de que era lo necesario para mi crecimiento personal y profesional. Fue una decisión madurada y sopesada pero eso no me impidió sentir un gran vacío delante de mi pie derecho, un vacío que me encogía el corazón y me devolvía a la nostalgia.

Pasé por distintas fases, desde la negación [ “esto no me puede estar pasando a mí” ], la duda [ “si es realmente lo que quería…¿o no?” ] incluso me falló la confianza en mí misma [“¿seré yo capaz?”]…hasta que un gran amigo supo enseñarme el camino para interpretar lo que realmente me pasaba. Me regaló el libro Vértigo de José Manuel Chapado (@jmchapado). “Estás en el mejor momento para leerlo” me dijo, con la seguridad que le caracteriza, en mi último jueves de asalariada. El domingo a las 24h00 cerraba el libro con los ojos empañados y la sensación de libertad del que por fín ha entendido el camino que había emprendido de forma semi-consciente.

Lo que comenzó como una sensación de vacío rápidamente se convirtió en debate interno en busca de los indicios que me permitirían avanzar…quiero ser dueña de mi futuro…entonces llegó el momento de plasmar en estrategia lo que realmente me hacía feliz…me quiero convertir en el “cupido de las organizaciones”, hacer que colaboradores y empresa se encuentren y se enamoren…sabía que había que planificarlo y definir la idea…me convertiré en consultora en comunicación interna 2.0 para ayudar a las empresas en su transformación cultural…y para que esto se convirtiese en realidad el paso necesario era comunicarlo: he decidido dejar la empresa que tanto he querido para construir mi propio proyecto.

Aquí fue cuando el vértigo me inundó…fue como revivir el momento en el que te ponen en los brazos a tu recién nacido diciéndote “éste es tu hijo”. Yo ya tenía a mi bebé, tan querido y esperado, pero hoy me hacía sentir inexperta y adolescente. De repente echaba de menos la seguridad de “mamá empresa”, las conversaciones con mis compañeros, el olor de un despacho que se había convertido en casi 6 años en mi segundo hogar.

Fue después de leer este libro cuando supe interpretar la sonrisa de mi nuevo bebé, cuando tuve la tranquilidad necesaria para relegar los recuerdos y permitirme imaginar el potencial de ese proyecto lleno de energía positiva y con grandes posibilidades de futuro.

Hoy sigo teniendo vértigo, pero un vértigo que me hace sentir viva…es lo que yo he llamado el vértigo de la felicidad: la felicidad de ver que todo está por crear, que todo está en mis manos, que voy a ser dueña de mis proyectos, que voy a poder aportar a otras organizaciones, ayudar a otras personas…y con la esperanza de arrancar alguna sonrisa. ¡Hoy, disfruto del vértigo!

Quiero terminar compartiendo con vosotros un DM de José Manuel Chapado que resume todo lo anterior con la clarividencia del que ya ha vivido el vértigo de la felicidad: “sentir vértigo es bueno, es sentir que estamos vivos y crecemos”.

Si tú también quieres entender mejor porqué se te encoge el estómago, ya sabes, ¡haz tuyo el vértigo!

Este post no hubiese sido posible sin @jmchapado, socio fundador de ISAVIA, al que le agradezco haber tenido el valor de poner orden en un torbellino de sensaciones en su libro “Vértigo”. Muchísimas gracias por tu generosidad.

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