¿Es realmente la situación de crisis que vivimos una excusa para abusar de los profesionales que intentan vivir del servicio que ofrecen? Esta es la pregunta que me asalta hoy tras una conversación con mis compañeros que me ha hecho atar cabos poco agradables.

La demasiadas veces oída “es que con la que está cayendo” siempre augura un comentario que viene a explicar porqué no mereces el sueldo que pides o, en el caso de los recién estrenados autónomos como yo, la inversión del presupuesto presentado. No sé si les habrá pasado, pero a mi alrededor parecen ser muchos los que estiman que eres un desagradecido si no aceptas lo que te ofrecen, que consideran que “en estos tiempos” lo normal es trabajar con becarios sin sueldo o que deberías considerarte tremendamente contento porque alguien te de trabajo, aunque el sueldo no te de ni para pagar el ticket del metro.

El barrio de Chamberí se parece en esos días al Zoco de Marrakech, pero no por el colorido, que no nos vendría mal, sino por la proliferación de estos señores en Mercedes que te explican que poner dos fotos y pegar un texto puede pagarse 30€ más barato de lo que les pides. ¿Desde cuando el cliente es quien pone el precio de tus servicios? Se imaginan entrar en una tienda y, al ir a pagar la camisa que te gusta, decirle a la chica que le voy a pagar el 70% de lo que pone en la etiqueta, que es el precio que yo considero justo, total, es solo un retal de tela cosido y con los tiempos que corren más vale eso que nada…y si acepta le hago un pago a 60 días, que es lo que estipula mi normativa interna.

Esta sensación de vivir en un mercadillo dominguero hace que ristras de profesionales se agolpen en convocatorias de oposiciones para funcionarios y otros hagan la cola de Ryanair para marcharse con un minijob a Alemania. Triste expectativa de futuro para un país al que se le escapa el talento, dentro y fuera.

¿Qué actitud tomar frente a esta situación? Pues aquí es donde está el quid de la cuestión. Debemos conocer perfectamente el posicionamiento que queremos tener y el mercado al que nos dirigimos. ¿Cuál es tu promesa de marca? ¿Cómo quieres que te conozcan? ¿Serás el más caro, el más barato, una buena relación calidad-precio, el especialista…? Además de ser un buen profesional, no puedes pasar por alto algo tan importante como la definición de precios y los márgenes financieros en la venta de tus servicios si quieres desarrollar tu actividad con sostenibilidad.

En fin, esto forma parte de las aventuras picarescas que un autónomo o freelance español se puede encontrar en su día a día…ejemplo que pocas veces he oído en boca de los guruses del emprendimiento pero que parece ser el pan nuestro de cada día. Así que lo dicho señores, ustedes pongan su precio, demuestren su valía y compromiso en lo que hacen y los verdaderos clientes no tardarán en llamar a la puerta…ay, les tengo que dejar, me llama un cliente 😉

 

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