Hace casi dos años que flirteo con las redes sociales corporativas…

Todo empezó en una jornada de verano, de esas en las que tienes a los jefes en la playa, y te entran ganas de indagar en algo que te trae de cabeza: ¿porqué si los colaboradores dicen estar orgullosos de trabajar en la empresa su motivación sigue bajando? Después de unos cuantos cafés con los más veteranos y darle tres vueltas a los resultados de la encuesta de clima la respuesta se hacía cada vez más evidente: habíamos perdido la cultura de los principios de la empresa en la que todos trabajan mano a mano, se remangaban para arreglar lo que fallase y volvían a sus casas con el sentimiento del que está creando una empresa. Esto a finales de los ’80 se llamaba “ser un profesional”…pero hoy hablaríamos de trabajo colaborativo, compañerismo, transversalidad y engagement. ¿Os suenan?

Estábamos erosionando nuestro ADN y demostrábamos el malestar que nos suponía este nuevo estilo que habíamos adoptado al hacernos más grandes, un estilo más competitivo, individualista y creador de barreras.

Entonces lo vi claro: teníamos que recuperar esa inherente cultura colaborativa, una misión perfecta para la responsable de la Comunicación Interna. Así fue como me decidí a convertirme en estandarte de la red social corporativa en nuestra empresa.

Teníamos que generar una comunicación mucho más abierta y fluida en la que todos y cada uno de los 1300 que hacíamos la empresa tuviésemos el poder de expresarnos, demostrar nuestro talento, aportar al conocimiento general y ayudar a los compañeros.

Si, digo bien el poder…un poder que la comunicación clásica Top-Down había terminado por relegar a una élite directiva como suele ocurrir en la mayoría de las organizaciones. Y es que la “organización común” es recelosa de su mensaje, actúa con una actitud paternalista con respecto a sus colaboradores y protectora con respecto a la dirección. Pero si hoy ya no actuamos así con nuestros propios hijos ¿porqué hacerlo con los equipos?

Sin duda hay que tener valentía para, primero, hacer este acto de autocrítica y, después, aceptar compartir ese poder con el resto de la organización, o mejor aun, dejar aflorar la autoridad.

Nuestra dirección la tuvo y me enorgullece ver cómo el poder ha dado paso a la autoridad

Ahora entenderéis mejor porqué para mi las redes sociales corporativas son una fantástica herramienta de reconocimiento del talento colectivo.

Si quieres saber más sobre cómo se implementó #mycetelem, la red social corporativa de Cetelem, te propongo un video en el que lo cuento en unos 20 minutos. ¡Disfrútalo!

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