No son pocos los que hablan de la importancia de los influencers para la reputación de una marca…pero en la mayoría de los casos las referencias nos llevan a bloggers ou otras celebrities que en algunos casos hasta nos cobrarían por citar nuestra empresa en sus perfiles sociales.

Desde mi punto de vista, los influencers son aquellas personas que destacan por su capacidad para generar credibilidad entre tus públicos.  Digo bien “tus públicos”, porque la verdadera fortaleza de un influencer debería ir más allá de la cantidad de followers que tenga en Twitter.

Las características que tendríamos que analizar para confirmar si una persona puede ser considerada un influencer son a mi modo de ver: su presencia en diferentes redes sociales, el numero de visitas que tiene, los niveles de engagement que generan sus textos y, por supuesto, su afinidad con nuestro sector.

En definitiva, debería tratarse de una persona con la que tengamos intereses comunes, que hable con los mismos consumidores a los que nosotros nos dirigimos con una presencia elevada en redes sociales y cuyas opiniones generen credibilidad.

No es de extrañar que en cuanto se lanza una estrategia de social media, la mayoría de las empresas se pongan como locos a buscar influencers para su marca. ¿Dónde lo hacen? Pues en plataformas dedicadas a estos menesteres como son Klout o Peerindex, que desde mi punto de vista es más acertada.

Pero ¿no creéis que nos estamos olvidando del principal influencer que puede tener una marca? Efectivamente, como ya dejaba entrever en el título de este post, me parece que en demasiadas ocasiones nos ponemos a buscar fuera lo que seguramente tengamos en la casa. Y es que, la fuerza de recomendación que puede tener un empleado de la empresa puede desbancar a aquel con mejor klout si sabemos gestionarlo. Entonces, ¿por qué lo obviamos?

  • ¿No tenemos herramientas?

Hoy disponemos de herramientas que nos permiten identificar a estos influencers internos, esos social employees de los que ya hemos hablado en otras ocasiones, que actúan de modo epidémico tanto dentro de tu propia red organizativa como en sus propios perfiles sociales.

  • ¿No sabemos tratar con ellos?

Basta con identificarlos, reunirlos en una tribu de embajadores 2.0 a la que mimamos, informamos en primicia de nuestras novedades y sobre todo empoderamos, para que se sientan libres de transmitir los mensajes que consideren más oportunos. Una buena manera de gestionar la pertinencia de los mensajes sería construir con ellos la Política de redes sociales de la compañía, ese decálogo que nos orienta sobre el estilo que queremos dar a nuestra marca en el mundo 2.0.

  • ¿Nos da miedo lo que puedan decir?

¿Si no sentimos recelo de lo que pueda decir un completo desconocido por qué dudaríamos del sentido común de nuestro empleado? Entiendo que aquí el grado de madurez de tu comunicación interna tiene mucho que ver. En una empresa donde la comunicación interna se haya basado en simple información, donde no se deja voz al empleado, difícilmente se pueden instaurar este tipo de prácticas. Pero tú que valoras el talento de los tuyos ¿a qué esperas?

  • ¿No sabemos cómo reconocer su aportación?

Esto es casi lo más sencillo…y es que la mayoría de los empleados comprometidos con su empresa valoran dos veces más que la empresa valore su talento, una felicitación de su superior o la pertenencia a un grupo de pares antes que una retribución económica. Aunque ya son muchos los que incluyen en su paquete retribuido una partida para esos embajadores 2.0.

El influencer interno existe y puede convertirse en el mejor embajador de tu marca si consigues mostrarte ante él como una empresa que confía en su talento, que comunica con transparencia y, por ende, que genera credibilidad. Contar con él para la difusión de tus mensajes no solo le aportará a tu reputación sino que además tendrá un claro impacto en su nivel de engagement y la mejora de tu imagen de marca entre el resto de sus compañeros.

Con todo esto ¿aún piensas pasarte de tus influencers internos?

 

 

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